Cuidar nuestra piel, cuidar nuestro entorno

Ruda Lunera Cremas

La piel es el órgano más extenso de nuestro cuerpo. No es una capa rígida, sino que está continuamente interactuando

con el exterior, esa es su función: proteger e intercambiar. Tiene múltiples funciones de vital importancia: es un sensor de temperatura, de humedad, de dolor, de peligros. Es un medio de expulsar toxinas (a través del sudor, de las espinillas, etc). Es un abrigo que nos protege del viento, el sol, la lluvia, los golpes. Es uno de nuestros mejores sentidos de comunicación con el resto del mundo: el tacto.

Muchos de sus problemas derivan de agentes externos, incluso de nuestros hábitos de higiene. Pero además, cada vez más expertos (médicos dermatólogos, psicólogos, terapeutas, etc) relacionan el estado de nuestra piel con problemas internos, tanto físicos como psicológicos y sobretodo, emocionales. Estrés, nerviosismo, ansiedad, depresión son sentimientos que pueden manifestarse a través de la piel.

De la misma forma que empezamos a entender la influencia de los alimentos en nuestro organismo, es importante también pensar en lo que ponemos sobre la piel. Porque también acabará pasando al interior. La piel está formada por innumerables poros que absorben. No es impermeable, y como tal deberíamos tratarla.

Nosotras debemos estar muy pendientes de qué es lo que consumimos y a quién, porque desgraciadamente no siempre lo legal y accesible, es sano o ético. Aunque cada vez son más los productos y sustancia prohibidas, a veces su retirada del mercado tarda décadas y muchos casos de personas afectadas.

Derivados del petróleo y aceites minerales, que no dejan respirar a los poros, presentes en todo tipo de cremas, suavizantes y pomadas, incluso para bebés. Detergentes industriales en champús y geles, que abrasan nuestra piel, disminuyendo su funcionalidad y creando sensaciones de escozor y picor. Conservantes y emulsionantes artificiales usados masivamente y que, a la larga, pueden contribuir al desarrollo de graves enfermedades de tipo nervioso o inmunológico. Perfumes sintéticos que se pegan a la piel para durar horas y que confunden nuestro sistema endocrino (hormonal). Atractivos colores y protectores solares a base de metales que son absorbidos por la piel y se acumula.

Y un número creciente de alergias dérmicas con origen todavía desconocido, pero muy posiblemente influido por estas sustancias cuyo fin solo es hacer ganar más dinero a las empresas que las venden y engañar a quien las consume.

La publicidad engañosa es la base de su estrategia: ahora incluyen el color verde por todas partes, imitando la naturaleza que supuestamente respetan. Leemos ingredientes maravillosos como “argan”, “rosa mosqueta”, “aceite de jojoba y almendras dulces”, “manteca de karité”, “aceite de oliva virgen extra” pero ¿en qué porcentajes? ¿el suficiente para contrarrestar los efectos nocivos de las sustancias antes citadas? ¿Y a ese precio incomparable? No lo creo.

Es por estas y otras razones que inicié este proyecto:

La primera es de tipo personal: para cuidar mi salud y crearme un empleo digno, sin explotación. Para cambiar el concepto de que la estética es una cosa, y la salud otra. O que hay que sacrificar una por la otra.

La segunda es de tipo ambiental: para demostrar que se pueden elaborar productos de calidad sin contaminación ni destrozo de la naturaleza. Muchas de las sustancias nocivas antes expuestas se consiguen tras procesos industriales que emplean  grandes cantidades de energía y de sustancias tóxicas, cuyos vertidos envenenan las aguas del mundo entero. La mayoría de los envases de estos cosméticos también son derivados del petróleo. Y no olvidemos que las pruebas para testar su "inocuidad" se basan en la tortura de miles de animales. Todo esto no es necesario: en nuestro entorno podemos encontrar muchas materias primas fantásticas (plantas, frutos, aceites y ceras), cuya eficiencia e inocuidad ya están probadas por miles de generaciones pasadas.

El tercero es de tipo social: para recuperar la confianza  en las relaciones  de intercambio, también las comerciales. Porque los cuidados no deben ser algo exclusivo de la familia o los amigos, si no de toda la comunidad.